• El verdadero objetivo del RUI es provocar una respuesta autoritaria del Estado

El ‘prsident’ Carles Puigdemont superó la moción de confianza con la promesa de celebrar un referéndum sobre la independencia. Como estaba previsto, aseguró que intentará pactarlo con el Estado y, si no, lo convocará igualmente la segunda quincena de septiembre del 2017. Esta segunda opción es el RUI (referéndum unilateral de independencia) que exigía la CUP, pero Puigdemont siempre ha defendido que debe ser vinculante y con garantías, incluido el reconocimiento internacional.

El discurso de Puigdemont, sin tantos complejos como tenía Artur Mas, fue explícitamente tramposo. Habló de una mayoría del pueblo catalán a favor de la independencia, dividió a los catalanes entre independentistas y dependentistas (el término ya es una falta de respeto), y confundió el Estado con el Gobierno español, como cuando afirmó que el Estado había retirado la asistencia sanitaria a personas vulnerables, obviando que solo el PP aprobó esa medida.

Además de que el RUI incumple la hoja de ruta y el programa electoral de Junts pel Sí, con lo que el inexistente «mandato democrático» se viola aún más, la propuesta del referéndum contiene trampas e intenciones ocultas. Puigdemont sabe que el referéndum no podrá pactarse y que si es unilateral es imposible que tenga garantías y reconocimiento internacional. Aquí, en esta «empanada monumental» en que se ha convertido el ‘procés’ (Carod-Rovira dixit), los únicos que dicen la verdad son los estrategas de la CUP. Ellos defienden hasta el final el RUI «como mínimo para hacer entrar en contradicción democrática al Estado español y que tenga que recurrir a algún tipo de fuerza legal e incluso de fuerza bruta» para mostrar esas contradicciones a la población y a la comunidad internacional. Lo dijo el dirigente y exdiputado Quim Arrufat a mediados de septiembre. Si al final no se recula, ese será el objetivo real del RUI.