• Sorprende la amarga queja adolescente de JxSí porque el Gobierno español les responde con la misma medicina y la ley en la mano

Los políticos separatistas y sus altavoces han puesto el grito en el cielo porque el Gobierno español no ofrece todo el diálogo que ellos quieren. Sorprende esa queja, porque Carles Puigdemont se estrenó en enero ofreciendo un diálogo muy limitado. Diálogo no para mejorar el autogobierno, pues «esa es ya una pantalla superada», decía el ‘president’ en tono desdeñoso, sino para acordar los términos de la secesión que JxSí y la CUP habían decidido que llegaría al final de los famosos 18 meses. «Que la independencia iba en serio, ustedes se han dado cuenta demasiado tarde», soltó a la oposición en el Parlament.

A finales de septiembre, en la moción de confianza, Puigdemont volvió a enarbolar la bandera del diálogo con Madrid. Ya no para acordar la independencia sino para pactar fecha, pregunta y demás condiciones de un referéndum que piensa hacer el próximo septiembre sí o sí. El porqué del cambio en el guion sigue pendiente de una explicación.

Me pregunto si los votantes de JxSí algún día se la exigirán. Puede que no lo hagan porque, aunque la secesión ha dejado paso al referéndum, el carácter unilateral de ambos anuncios y el contenido monotemático del diálogo no ha variado en absoluto. Lo que más sorprende es esa amarga queja adolescente porque el Gobierno español les responda con la misma medicina, y encima con la ley en la mano.

DESOBEDIENTE NO, DÉSPOTA

¿Por qué iba a tener Francesc Homs más privilegios que sus excompañeros de Govern? «La democracia está seriamente en peligro», dice Puigdemont, porque se juzgue el 9-N. Es al revés. Nuestro sistema de libertades se va al garete cuando los políticos actúan al margen o en contra de la ley.

En España no solo hay una legalidad, sino un Estado democrático y de derecho, que es otra cosa. El representante que incumple no es un desobediente cualquiera sino un déspota. Practica otra forma de corrupción política, y abusa de su posición privilegiada. El diálogo dejará de ser una guerra como ahora y pasará a ser algo potencialmente fructífero cuando el separatismo acepte estas cosas.