La sociedad catalana afronta el 2017 con mejores perspectivas que los años anteriores, tanto en lo económico como en lo político. Queda atrás el clima de extrema incertidumbre detectado en el pasado barómetro de junio, realizado justo antes de la repetición de elecciones generales al Parlamento español. Los datos ahora, sin estar todavía en zona positiva, suponen una mejora significativa del estado de ánimo colectivo que se traslada incluso a la valoración de sus líderes políticos. En todo caso, conviene seguir siendo muy prudentes en las predicciones políticas y económicas, máxime en un año electoralmente convulso en Europa: habrá elecciones en Holanda, en Francia, en Alemania y seguramente en Italia… y no es descartable que también en Catalunya.

La encuesta de GAD3 para La Vanguardia ofrece una imagen con ciertas contradicciones. La más llamativa es comprobar que la valoración del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, mejora notablemente, mientras que su formación sigue perdiendo apoyo electoral. Pueden contribuir a dicha contradicción el compromiso de Puigdemont de no presentarse a la reelección; los presidentes salientes tienden a mejorar su valoración una vez salen de la contienda partidista, como está comprobando Barack Obama. También pueden acentuar la contradicción los continuos cambios en la denominación de la formación política presidida por Artur Mas, lo que dificulta a las encuestas detectar el auténtico apoyo en las urnas. Sea como fuere, sí parece claro que, en caso de celebrarse elecciones al Parlament, la fuerza más votada sería ERC.

Por encima de las contradicciones emerge con fuerza la reivindicación mayoritaria al diálogo. La proporción que exige la celebración de un referéndum unilateral sobre la independencia de Catalunya se reduce al 28% de entrevistados, porcentaje similar al que, desde el otro extremo, demanda al gobierno central firmeza en el cumplimiento de la ley. En la misma línea, las opciones mayoritarias no son: ni la ruptura total con el resto de España (opción preferida por el 24% de los entrevistados), ni dejar las cosas como están (sólo deseada por un 7%). Entre medias hay una mayoría que desea reinterpretar la Constitución (18%) o, mejor aún, reformarla para reconocer las demandas de los catalanes (42%).

En el caso de un hipotético referéndum con la única opción del sí o no a la independencia, el resultado ahora sería tan ajustado que es imposible anticiparlo mediante sondeos. No sólo porque el cambio de preferencia del sí al no a la independencia de seis de cada cien catalanes desde al anterior sondeo lleva los resultados a un empate técnico. También por las lecciones que nos han dado todas las consultas celebradas en el 2016, donde hemos comprobado que la cuestión de la pregunta es sólo uno de los elementos de la decisión y no el más importante. Lo saben bien David Cameron, Juan Manuel Santos o Matteo Renzi.