• Ya sé que vivimos en un conflicto, pero ni siquiera así vale todo

Encender un farolillo siempre equivale a jugar con fuego. Pero vale la pena jugar con fuego cuando se trata de un farolillo que busque añadirle magia y calor a la gran noche anual de la conspiración de los adultos para ilusionar a los niños pequeños.

Sin embargo, no tiene sentido jugar con fuego para desnaturalizar la noche de Reyes. Aunque sea legal. Aunque no comporte, faltaría mas, nuevas judicializaciones. Aunque a algunos les parezca brillante la idea de utilizar a los niños para disputas entre adultos. Aunque a última hora se haga un tímido uso del freno de mano, cuando muchos ya habían quedado retratados desde el principio poniéndose de perfil, como si la cosa pudiese ser aceptable, en vez de haber dicho de entrada la verdad: que era una perrería.

Ya sé que vivimos en un conflicto, pero ni siquiera así vale todo. Decepciona que adversarios de Rajoy hagan tonterías como las que hizo él para desgastar a Zapatero desde la oposición (como criticar hasta las decisiones racionales que proponía para paliar la crisis). Rajoy posiblemente pensaba y piensa que el ‘Todo por la Patria’ justifica incluso las agresiones a la inteligencia, algo similar a lo que, supongo, pasó por la cabeza de los promotores de los farolillos politizados para que los llevasen los niños en Reyes.

Aclaro algo: yo no los hubiese prohibido. Creo que hay cosas que se ‘pueden hacer’, en el sentido físico o legal de la palabra, pero que ‘no se pueden hacer’ en el moral. Tampoco lo hubiese hecho, naturalmente, con una contraofensiva: farolillos con la bandera española y un eslogan defendiendo la unidad indisoluble. Pero odio (esa es la palabra exacta) la idea de que en una noche así el tipo de farolillos indicase quiénes son ‘los unos y los otros’, por deducción a partir de si se llevaba o no una estrella que por la luz de la llama era, ay, amarilla.

ARGUMENTOS QUE ENTRISTECEN

Me entristecen argumentos oídos en las tertulias. «No hay que darle importancia, los niños no se enteran» (que encierra la idea subliminal de que eso permite manipularlos). «Otras veces ya hubo farolillos así y no pasó nada» (omitiendo que esta vez era como una doble jugada tenística sincronizada, la cabalgata era el saque de la bola y la retransmisión televisiva a toda Catalunya el ‘smash’). «Solo es un problema porque algunos están en contra; ellos son los que están provocando el escándalo». Si este es el nivel dialéctico de la posible Catalunya independiente del futuro, no me extrañará que de producirse la escisión haya mucho exilio exterior o interior.

Unos tristes magos hicieron desaparecer por ensalmo el buen rollo de la cabalgata. Teníamos una crispación tranquila; con errores como este avanzamos hacia otro estadio (no confundir con otro estado) en la división entre catalanes.