El Gobierno británico de la conservadora Theresa May ha publicado a principios de febrero su libro blanco sobre los problemas que tiene que intentar resolver de cara a conseguir un Brexit en condiciones. El libro, publicado bajo el título The United Kingdom exit from and new partnership with the European Union analiza en 77 páginas las dificultades que se le van a presentar al Reino Unido en su proceso negociador para abandonar la Unión Europea tras el irresponsable referéndum convocado por Cameron.

De la misma manera que cuando los británicos entraron en la Unión Europea, el Círculo de Economía publicó La opción Europa para la economía española para ver las dificultades que España debería afrontar para llegar a participar en la integración europea, siguiendo el modelo de libro blanco que habían realizado los británicos, la publicación, ahora, del volumen sobre el Brexit sirve para ver lo difícil que le sería a una eventual república catalana independiente resolver su articulación con la economía mundial fuera de España y por tanto fuera de la Unión Europea.

“La república catalana”, dicen los independentistas, seguiría siendo miembro de la Unión Europea y las Naciones Unidas porque Catalunya es demasiado importante como para que el mundo nos vuelva la espalda, afirmación, esta, que se desdice con los reiterados fracasos que el Govern ha cosechado en sus aspiraciones a recibir algún reconocimiento internacional significativo.

Esto de que una Catalunya separada de España –que es quien es miembro de la UE– seguiría en la Unión es una más de las ficciones que maneja el independentismo, que olvida que esta comunidad política tiene leyes que deben respetarse y que la integridad territorial de los estados miembros es una de ellas.

El libro blanco sobre el Brexit repasa las doce áreas problemáticas que el Gobierno británico deberá tener en cuenta para evitar el cataclismo que padecerán sus empresas con la salida de la Unión Europea, en la que está integrada desde 1973: rotura de las cadenas productivas sin barreras aduaneras, subvenciones para los agricultores, pasaportes para que la banca y los servicios financieros puedan seguir operando desde la City, problemas de fragmentación de mercados, peligros de pérdida de cooperación con las universidades europeas, inconvenientes para las prácticas comerciales, falta de atractivo para las inversiones extranjeras, problemas de negociación de cientos de tratados en los que Gran Bretaña participa a través de la UE, pérdida de agencias comunitarias, etcétera.

Si el Brexit es algo muy duro para una economía importante como la británica –que además no está en el euro ni en Schengen–, tal situación para Catalunya –que si lo está– sería aún mucho más problemática. Pretender que Catalunya se independice quedando, con ello, fuera de la UE es, por ello, pura ficción manejada desde el independentismo.