Sólo había transcurrido un día de la firma de la paz entre el PSOE y el PSC cuando el tierno acuerdo estuvo a punto de saltar por los aires. El 7 de marzo, el presidente de la gestora socialista, Javier Fernández, y el líder del PSC, Miquel Iceta, rubricaban el documento que restañaba las heridas abiertas a raíz de la negativa de los diputados catalanes a facilitar la investidura de Mariano Rajoy. Al día siguiente, mientras los diarios aún mostraban la fotografía de ambos dándose la mano, en el grupo parlamentario socialista estallaba la crisis a cuenta de la instalación de la Agencia Europea del Medicamento en Barcelona. Hasta el PP tenía claro que iba a votar en el Congreso a favor de que ese organismo, que ahora está en Londres, recale en la capital catalana como consecuencia del Brexit. Pero algunos diputados socialistas consideraron que lo oportuno era abstenerse, puesto que también Málaga y Alicante habían mostrado interés en albergar esa sede, si bien sus posibilidades de éxito eran escasas. Fue un tira y afloja tenso. Iceta se negó en redondo a abstenerse. Aquello hacía pinta de volver a las andadas… Finalmente, intervino Susana Díaz y todo el grupo votó a favor de la candidatura de Barcelona, sin que la batalla interna saliera a la luz.

Fue una evidencia más de la dificultad del PSOE para conciliar sus intereses territoriales, pero también una muestra del interés de Díaz en ganarse el favor de sus compañeros catalanes. La líder andaluza sabe que, aunque gane las primarias en el partido, no puede aspirar a ser presidenta del Gobierno sin gozar de un cierto predicamento en Catalunya. Y eso, hoy, lo tiene muy difícil. Díaz es consciente de su mala imagen entre los catalanes. Al mismo tiempo, se mueve con evidente inseguridad cuando le toca abordar alguna reivindicación catalana, como la financiación, por poner un ejemplo. Como líder de los socialistas andaluces, Díaz llegó a explotar el mantra del agravio comparativo y esos excesos verbales le pasan ahora factura. Miguel Ángel Heredia es un veterano diputado en el Congreso, considerado “los ojos y los oídos” de Susana Díaz en el grupo parlamentario. A Heredia le grabaron en noviembre en una reunión interna del PSOE de Málaga defendiendo que había que “disolver el PSC”. Y no pasó nada. 

El locuaz diputado también soltó otras lindezas: “Nuestro adversario es el PP, pero nuestro enemigo es Podemos”. Efectivamente, para Díaz el enemigo es el partido de Pablo Iglesias. Como lo es para los veteranos que la respaldan, desde Felipe González a Zapatero, pasando por Rubalcaba. La campaña de la andaluza para estas primarias lleva por lema “100% PSOE”, que es una forma de proclamar que Pedro Sánchez no es un hombre de partido, no es el PSOE, sino un podemita infiltrado. Díaz confía en que a la mayoría de militantes socialistas no les gusta la actitud que tuvo Podemos hacia su partido. Pero en Catalunya los parámetros son diferentes y Podemos es la única gran formación que defiende el referéndum en el Congreso. Sánchez podría obtener hasta un 70% de los votos del PSC en las primarias. No es que Sánchez entienda demasiado el proceso soberanista. Mientras fue secretario general, se movió con idéntica incomodidad y torpeza que Díaz en este asunto, siempre aferrado a consignas aprendidas para evitar resbalones. Pero las malas maneras con que fue expulsado del liderazgo le han convertido en un símbolo de rebeldía y de rechazo al PP que en Catalunya goza de más respaldo. Desde que ya no tiene nada que perder, Sánchez se muestra más atrevido y, en una entrevista a este diario, Sánchez aseguró ayer que Catalunya es una nación y España, una nación de naciones.

El PSC se alineará con quien resulte vencedor de las primarias. Pero en el partido admiten que si es Susana Díaz será más difícil lograr buenos resultados en Catalunya. Además, la competición con los comunes de Ada Colau será más ardua. Díaz, en cambio, está segura de que puede afrontar el conflicto catalán. Como en su día lo estuvo Zapatero o Sánchez. Propone crear una comisión de expertos (incluso ha pensado en Santiago Muñoz Machado para dirigirla) que aborde soluciones a través de una reforma constitucional. En el PSC no pueden evitar cierto escepticismo, ante el que Díaz suele responder con una frase concluyente de su forma de verse a ella misma y a la política: “La paz la hacen los halcones”.