• Lean la fábula ‘El buitre’ de Kafka. El que se siente más fuerte también se equivoca: cree que ganará y acaban perdiendo los dos

Después del intercambio epistolar entre los presidentes Puigdemont y Rajoy una cosa ha quedado clara: el gobierno catalán convocará el referéndum y el gobierno español lo impedirá. Atados por el referéndum. De cómo se dilucide este episodio dependerá la continuación. No es fácil racionalizar los contenciosos políticos por los múltiples planos sobre los que se articulan y por la diversidad de factores que condicionan la toma de decisiones. Y más todavía cuando entramos en conflictos que despliegan automáticamente el juego de las identidades: el nosotros y el vosotros.

Estos últimos días hemos asistido a un debate paralelo. Por un lado, la filtración de un borrador de ley de transición de Cataluña ha facilitado que Rajoy saliera a la palestra para lanzar un “hasta aquí podíamos llegar” al soberanismo —personificado en el presidente Puigdemont— hablando incluso de golpe de Estado. Las palabras no son banales: la valoración de los hechos permite anticipar hipótesis sobre las respuestas. Por otro lado, el gobierno catalán pide formalmente abrir negociaciones para pactar un referéndum. Y la respuesta no se hace esperar. El soberanismo catalán ha acabado con el Rajoy impasible, que ha saltado como un resorte para expresar su rechazo total a “una amenaza grave para la convivencia”. En Madrid, se pone el énfasis en la presunta voluntad de declaración unilateral de la independencia. En Cataluña, se insiste en el referéndum Sí o Sí.

Ningún actor político puede creer seriamente que Cataluña esté en condiciones de alcanzar la independencia por la brava. Para que fuera posible se requerirían por lo menos tres condiciones: una amplia mayoría social, una capacidad de insurrección que alterara de modo duradero la vida cotidiana y el reconocimiento por parte de algunas potencias internacionales. No se dan. Lo que si tiene un amplísimo apoyo político y social en Cataluña es el referéndum. Y por eso Puigdemont al poco de llegar al poder rectificó la estrategia de su antecesor, Artur Mas, y volvió al derecho a decidir que es lo que genera un amplio consenso que alcanza más allá del independentismo. El gobierno español al prohibir el referéndum se enfrenta a mucho más que al soberanismo.

Los planos en los que transcurre el juego político son muchos. Demasiado a menudo se quiere olvidar, bajo las grandes palabras, que la política es lucha por el reparto del poder. Y si uno parte quiere apropiarse de una cuota importante, la otra, se resiste. Junto a este plano, la cuestión económica: Cataluña es el 20% del PIB español y el 25% de las exportaciones. Si se fuera, España entraría en una situación complicada que podría incluso amenazar al euro. Y un escenario de este tipo Europa no lo permitiría. A lo sumo podría presionar para un acuerdo si se entrara en situación de riesgo, algo que no está hoy en los cálculos de los que mandan en la Unión.

La política es cosa de partidos y de personas, que también tienen sus intereses. La debilidad del PdeCAT y las complicaciones del escenario español juegan un papel importante. La sobreactuación de Rajoy contra Puigdemont, le sirve para minimizar la victoria de Pedro Sánchez (una enmienda a una época que también alcanza al presidente), trampear el deterioro por la corrupción y sofocar el ruido por la moción de censura de Podemos. Es más fácil decir no a una independencia unilateral imposible que a un referéndum, porque siempre es feo impedir votar. Y la apelación patriótica es un modo de atrapar a Sánchez en la defensa de la soberanía nacional. Los intereses personales tampoco son baladís. Si Rajoy aspira a fortalecerse a costa del conflicto catalán, Artur Mas y Carles Puigdemont son los más interesados en llevar la tensión lo más lejos posible. Puigdemont juega con la libertad del que sabe que deja la política y Artur Mas busca en el sacrificio la redención de una trayectoria que le hundió a él y a su partido. No es fácil para el soberanismo frenar: no convocar el referéndum seria entendido como una derrota. Hay que esperar a que lo impidan. Y no es fácil para Rajoy salir de la situación sin ahondar en la peligrosa senda represiva. Lean la fábula ‘El buitre’ de Kafka. El que se siente más fuerte también se equivoca: cree que ganará y acaban perdiendo los dos. ¿Quién sabe si sería la mejor situación para salir del atolladero?