Como en el tablero de ajedrez, los jugadores toman posiciones. Intentan concentrarse en sus objetivos, al tiempo que procuran distraer al adversario con ciertos fuegos de artificio. Sus movimientos no están destinados a cambiar el agorero vaticinio de un choque sin precedentes entre los gobiernos central y catalán por el referéndum después del verano. Son sólo gestos de cara a la galería, jugadas para cargarse de razones y esgrimirlas cuando llegue el momento, y que se disputan en varios escenarios:

Puigdemont corteja a Iglesias. Carles Puigdemont tiene como objetivo colocar las urnas el 1 de octubre, fecha elegida para el ­referéndum (tal como publicó Josep M. Calvet en LaVanguardia.com). Para conseguirlo, se acerca a Pablo Iglesias, único líder del Congreso que defiende un referéndum. El president intenta ampliar el apoyo social a la consulta. O, al menos, a la protesta que se organice cuando el Gobierno central trate de impedirla. Iglesias se deja querer para ver si el PDECat da apoyo a su moción de censura contra Rajoy, con la que pretende desgastar al PSOE, así que irá a la conferencia de Puigdemont del lunes en Cibeles, en dependencias municipales, es decir, de la alcaldesa Manuela Carmena. 

Los comunes se revuelven. El cortejo entre Puigdemont e Iglesias provoca algunos celos. Los comunes de Ada Colau han venido cuidando con mimo su ambigüedad ante el independentismo y ese puenteo resulta molesto. En su afán por mantenerse a flote en ese debate, sin caer de un lado u otro, los comunes anunciaron que apoyarán un referéndum unilateral si tiene aval internacional, así que andan mareando la perdiz con Junts pel Sí a cuenta de la Comisión de Venecia, aunque ya la primera condición de ese organismo es que “el uso de referéndums debe ser permitido sólo donde está previsto por la Constitución o una ley”. Pero buscar aval internacional es una forma de eludir la negativa tajante al referéndum que promueven Junts pel Sí y la CUP, con los que los comunes se disputan votantes.

Al mismo tiempo, intentan marcar distancias con el PDECat, conscientes de la envolvente puesta en marcha por Puigdemont. Y sacan a relucir lo que más duele a los exconvergentes: la corrupción. Por eso, Colau presionó para que el Consorcio del Palau de la Música, donde están el ayuntamiento y la Generalitat, acusase a CDC en el juicio por el expolio de esa institución.

El PDECat rema en otra dirección. Mientras Puigdemont seduce a Podemos y los comunes, la nueva dirección del PDECat, con Marta Pascal al frente, rema en dirección contraria. Esta semana se han despachado a gusto contra los comunes y han facilitado que el Gobierno del PP apruebe el decreto de la estiba. El nuevo PDECat quiere recuperar cuajo ideológico, situarse en un centro liberal, alejarse de ERC y la CUP y, sobre todo, volver a ser útiles en Madrid. Sin dejar de exigir el referéndum.

El tacticismo de ERC. Los comunes aprovechan el caso Palau para cargar contra el PDECat y a ERC le empiezan a temblar las piernas. Oriol Junqueras, que se había comprometido con Puigdemont a mantener la posición de no acusar a Convergència, se ve obligado a dar marcha atrás al día siguiente en el Parlament. ERC no puede permitir que Colau le arrebate la bandera de la honestidad y le sitúe en connivencia con la corrupción. Los republicanos tienen cada vez más claro que en el futuro deberán entenderse con los comunes, pero hasta entonces son rivales que se disputan votantes fronterizos.

La partida Rajoy-Puigdemont. El Gobierno central hace una propuesta por primera vez: invita a Puigdemont a pedir una reforma constitucional en el Congreso para incluir el referéndum. A sabiendas de que el PSOE se alineará con el PP en el rechazo a esa vía. Rajoy no ha variado su posición, pero tampoco quiere quedar siempre como el inmovilista. Si Puigdemont no va, el líder del PP podrá reprocharle que ni lo ha intentado por vía reglamentaria. Y si Rajoy sabe que el president no quiere ir al Congreso a que le den con la puerta en las narices como a Ibarretxe, Puigdemont es consciente de que nadie escuchará su oferta de referéndum mañana en Madrid. Lo único que hacen ambos es cargarse de razones antes de descargar sus responsabilidades en los ciudadanos.