¿Nos atrevemos a sugerir que un Estado federal podría ser la solución, incluso la única solución al conflicto entre Catalunya y España?

No, aún no ha llegado el momento. Unos aún piensan que pueden vencer, que les asiste la razón, la historia y la voluntad; que la fe en un horizonte de esperanza bastará para alcanzarlo, que la superioridad moral de la que se sienten imbuidos les permitirá superar todos los obstáculos, incluso los del sentido común y la convivencia. Otros aún piensan que se impondrán; que la ley, el poder y el desprecio al diálogo tendrán su recompensa.

Unos y otros aún piensan en resistir hasta ganar, hasta derrotar al adversario. Aún acumulan dosis ingentes de ilusión. Aún prefieren escucharse a sí mismos. Aún se sienten inflamados por sus palabras. Aún prevalecen las emociones.

No, aún no ha llegado el momento. Quizá cuando todos temamos perder algo irrecuperable, cuando ya no queden fuerzas para un esfuerzo tan ingente, para un sacrificio tan trasnochado, quizá entonces nos preguntemos si no hay más salidas.

¿Lo decimos? ¿Nos atrevemos a sugerir que un Estado federal podría ser la solución, incluso la única solución al conflicto entre Catalunya y España? Desde el respeto, desde la confianza, desde el pacto, desde la generosidad. Incluso desde la admiración. ¿Nos animamos a defender que el federalismo es una opción de futuro, también para Europa? Una solución que permite la integración de sociedades de identidades múltiples. Que acepta y valora la diferencia, que habla de soberanías compartidas en vez de enfrentar nacionalismos. ¿Nos aventuramos a apostar por un sistema que devuelve el poder a los ciudadanos, el control de la fuerza común frente a los poderes que no emanan de las urnas?

También hay épica en el federalismo. Cualquier voluntad de unir, de construir diálogo desde la diferencia, requiere un esfuerzo y una ilusión colosales. También hay utopía en su expresión máxima. En el sueño de un mundo donde los pueblos preserven su identidad y cedan soberanía a un estamento que vele por la igualdad, la paz y el desarrollo de todos.

No, quizá no ha llegado el momento. Aún se oyen las risas, las burlas. Esperaremos.