Una sociedad no puede desarrollarse normalmente en el seno de un Estado si la mitad de sus ciudadanos está convencida de que estaría mejor sin este. La sentencia no es de ningún independentista, sino de alguien tan fuera de toda duda como el exministro Josep Borrell y pertenece al libro Escucha Cataluña, escucha España (Península), que ha escrito conjuntamente con Francesc de Carreras, Juan-José López Burniol y Josep Piqué. No se puede decir más claro y seguramente tampoco más alto. Borrell considera que ni siquiera la orteguiana conllevancia puede ser la solución para salir del paso. El ex presidente del Parlamento Europeo piensa que los secesionistas han tensado demasiado la cuerda y que Mariano Rajoy se ha refugiado excesivamente en sus silencios como para poder escapar de este fenomenal embrollo en el que nos encontramos sin un alto coste. El Estado tiene todas las de ganar, pero no le saldrá gratis. Y, además, el mundo observa, entre atemorizado y perplejo. La UE no se puede permitir otro Brexit (Catexit, le llaman) porque sería una catástrofe para su equilibro político y económico. El líder del PP ha empeñado su palabra en que no pasará nada. ¿Nada? No es casualidad que los diarios de referencia de Francia, el Reino Unido y Alemania hayan advertido de los peligros que se corre, en los últimos dos días. En Bruselas no quieren oír hablar de independencia y, sobre todo, ansían pasar pantalla. Pero quien tiene el mando a distancia en Madrid no aprieta la tecla.

Borrell cree que se debería llegar a un pacto que contemplara que el secesionismo suspendiera la celebración del 1-O y a cambio se restableciera el diálogo, se mejorara la información, se estrenara el respeto y se tomaran medidas fiscales y financieras. Y se recuperaran competencias del Estatut amputadas por el Tribunal Constitucional. Hay dirigentes del propio PP que no lo ven mal, pero lo sugieren solo en voz baja. Tempus fugit. Y Rajoy no es Virgilio.