• El choque de trenes que algunos intentamos evitar se va a producir. Los impulsores del referéndum ilegal ya no pueden echarse atrás después de haber embarcado a cientos de miles de personas haciéndoles creer que todo es posible y el Gobierno de España no puede permitir que se vulneren las leyes que emergen de nuestro sistema democrático

Me hubiera gustado empezar este primer artículo del curso hablando de las víctimas que los asesinos dejaron en las calles de Barcelona y Cambrils el pasado 17 de agosto; de los estragos que los fenómenos naturales amplificados por el cambio climático –que hoy todavía algunos niegan– están causando en amplias zonas de nuestro planeta; o de la, cada vez más insostenible, presión de los refugiados que buscan salvar sus vidas llamando a nuestras puertas.

Desgraciadamente, tengo que hablar de la situación que se vive estos días en Catalunya y que está provocando una profundísima brecha entre Catalunya y el resto de España pero también entre la propia ciudadanía de Catalunya.

El penoso espectáculo con el que nos obsequió el pleno del Parlament en el que se aprobaron las leyes de Desconexiónmerece algunas reflexiones. En primer lugar, puso a la intemperie las vergüenzas y las verdaderas convicciones de los promotores de la Revolució dels Somriures. Salieron a la luz las peores formas de quienes dicen defender por encima de todo la democracia pero que, sin embargo, hacen aguas en las formas. El autoritarismo de una mayoría insuficiente y las chapuzas encadenadas hicieron que le viéramos la verdadera cara a esa república catalana tan idealizada por algunos pero que ha fracasado antes de nacer cuando se le ha aplicado la prueba del algodón del imprescindible respeto que merece un Parlament en el que estamos representados todos los ciudadanos y ciudadanas.

He sido y soy muy crítico con la actuación de un gobierno del PP que no ha entendido lo que pasa en Catalunya en estos últimos años (quizás no lo ha entendido nunca). Creo, sinceramente, que los partidos más representativos del conjunto de España tenían que haber alimentado el clima de consenso imprescindible para abordar los nuevos tiempos y retos que tenemos a la vuelta de la esquina. Desgraciadamente, ha primado más el cálculo electoral de vuelo gallináceo que la mirada larga pensando sinceramente en construir un futuro con más y mejores oportunidades en un mundo cada vez más global.

Pero ahora ya es tarde. El choque de trenes que algunos intentamos evitar se va a producir. Los impulsores del referéndum ilegal ya no pueden echarse atrás después de haber embarcado a cientos de miles de personas haciéndoles creer que todo es posible y el Gobierno de España no puede permitir que se vulneren las leyes que emergen de nuestro sistema democrático.

Así que hay que empezar a reclamar la máxima prudencia a las partes. Mensajes de calma y respeto para los que discrepen e intentar que el choque tenga efectos limitados.

El día 2 de octubre habrá que preparar el terreno para buscar espacios de diálogo, para poder construir un marco de relación que nos sirva para avanzar. El problema continuará existiendo y la primera premisa es reconocer que existe y entender que nos estamos jugando no sólo la convivencia, sino aprovechar oportunidades. La historia nos ha demostrado que juntos somos más fuertes y la capacidad de comprender las razones del otro nos hace también mejores.

Queda mucho trabajo por delante. Se trata de eso: de volver a empezar sobre unas bases más sólidas que las que tenemos hoy.