Sabemos que el 1-0 será el día más largo porque empezará antes del domingo. Sabemos, los que intentaremos votar, que no lo haremos como siempre. Sabemos que el Tribunal Superior de Justícia ha dado orden a la policía para impedir la votación. Sabemos que hay diferencias de criterio entre Mossos d’Esquadra, Policía Nacional y Guardia Civil sobre cómo obedecer ese mandato judicial. Sabemos que hay riesgo real de altercados. Sabemos que esos altercados, si se producen, serán una imagen pésima para el gobierno de España porque en los colegios no habrá más provocación que urnas, papeletas y ciudadanos convencidos que nadie tiene derecho a silenciarlos.

Sabemos que el referéndum no pasará la prueba del algodón de su homologación porque es imposible que así sea con un Estado dispuesto a todo para evitarlo. Sabemos que el 1-0 es el entrante del plato principal, que es la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República que entra en vigor 48 después y que proclama la independencia de Catalunya aunque el ‘sí’ se imponga por un solo voto y sea cual sea la participación.

Día de movilización

Sabemos que muchos ‘comunes’ y podemitas participarán porque están convencidos que no se trata de un referéndum de verdad y que es solo un día de movilización y protesta ante la conculcación de derechos y libertades fundamentales que es útil, además, para seguir golpeando el hígado de ‘peperos’ y socialistas. Sabemos que junto a ellos votará muchísima gente convencida que Catalunya será independiente en una semana. Sabemos que el 1-0 está en la agenda mundial del periodismo y de las cancillerías y que en el relato (en los media, en público; en los gobiernos, en privado) la paliza del soberanismo al Estado es espectacular.

Sabemos que hay mucha gente poniendo en riesgo su futuro profesional, su patrimonio e incluso su vida en libertad en un enorme desafío al Estado que solo es capaz de defenderse utilizando la magistratura como bozal. Sabemos que en España se ha despedido a los policías y guardias civiles trasladados temporalmente a Catalunya al grito de «a por ellos» como si fueran los protagonistas del desembarco de Normandía sin que nadie, excepto Podemos, haya alzado la voz para acallar ese grito de reminiscencias bélicas.

El púlpito y el pubis

Sabemos que en Catalunya la mitra y el porno (perdón, ¡erotismo!) defienden el 1-0 desde el púlpito y desde el pubis en una muestra de tremenda transversalidad. Sabemos que desde el 2012 una parte sustantiva de la política catalana está externalizada en Òmnium y la ANC y que por tanto no todo depende de la voluntad de gobernantes y partidos. Sabemos que lo relevante será la primera comparecencia de Carles Puigdemont una vez concluido el horario de votación. Sabemos que todo el mundo da por sentado que su deseo acabará coincidiendo con lo que decida el ‘president’ de la Generalitat: ¿avalar la entrada en vigor de la ley de transitoriedad independientemente de cómo se haya desarrollado la jornada?

¿Declaración de independencia con 72 diputados tras quedar claro que el referéndum homologable ha sido imposible? ¿Elecciones? Solo él lo sabe si lo sabe. Los demás lo ignoramos todo. Solo expresamos deseos. El mío: elecciones.