En su última y excelente novela El retorn, el escritor Carles Casajoana nos abre las puertas a la experiencia del extrañamiento que uno puede sentir al regresar a su país y no conseguir reconocerlo. La imposibilidad del retorno, que encarna la vuelta a Catalunya del poeta Josep Carner, permite ver hasta qué punto las sociedades, las naciones, pueden cambiar su fisonomía física y espiritual en muy poco tiempo, cuando son asoladas y queda destruido el espacio público y privado. En su lectura no pude dejar de formularme las siguientes preguntas: ¿reconocería hoy Catalunya si me hubiera ausentado doce años de sus vaivenes políticos y sociales? ¿Tendría la capacidad de entender el enrarecido clima social y sus causas debido a la escalada del conflicto entre Catalunya y España planteado por el independentismo político? La respuesta es que no. Doce años antes habríamos dejado una Catalunya en pleno proceso de discusión del Estatut impulsado por Pasqual Maragall, entendiendo que sería aprobado sin problemas en Catalunya y España; probablemente, gracias a la aprobación del nuevo Estatut, Catalunya estaría intentando articular la Europa de las regiones y mostrando su capacidad de liderar las reformas que España necesitaba. Nada sucedió como se pensaba, y la errónea campaña del PP contra el Estatut y la debilidad de Zapatero para mantener sus promesas electorales para apoyarlo crearon las condiciones idóneas para que el independentismo político diera forma a una Catalunya irreconocible.

El exilio interior que han vivido muchos ciudadanos estos últimos años parece haber llegado a su fin y todo apunta a que están dispuestos a regresar para recuperar el espacio público y privado del que se sienten excluidos. No se trata de una búsqueda del tiempo perdido sino más bien de volver al espacio público, tras un largo periodo de ausencia, para lograr cambiar las cosas.

Para muchos catalanes, las próximas elecciones van a tener el hondo significado del regreso ansiado y tantas veces aplazado, al no sentirse con fuerzas para disputar la idealizada Catalunya del independentismo político. Todo parece indicar que el voto resignado de la llamada tercera vía en las pasadas elecciones va a convertirse en un voto a favor del cambio y de la ansiada estabilidad política que muchos desean para reconducir la situación y garantizar la reconciliación de todos los catalanes.