La alambicada pregunta de la dirección de Unió a su militancia y la esquiva posición que adoptó Artur Mas en el Parlament constituye otro episodio solo apto para ‘procesólogos’. Que el ‘president’ afirme que no hay nada en la pregunta que contradiga el preacuerdo firmado por CDC y ERC es un ejercicio de malabarismo circense. “‘El meu mal no vol soroll'”, debe de pensar Mas, que prefiere no interferir públicamente en el plebiscito interno al que va a someterse Duran Lleida el 14 de junio. Esta actitud de hacerse el sordo confirma que tiene decidido convocar elecciones el 27-S, pase lo que pase. Fíjense que, al día siguiente de las municipales, la Generalitat puso en marcha la campaña ‘Preparats’, que nos invita a hacer posible “‘una Catalunya millor'”. No se nos suministra ninguna información útil sobre los servicios públicos como exige la ley de comunicación audiovisual, sino solo pura propaganda con aroma secesionista. Nos ha costado a todos, eso sí, más de un millón de euros en publicidad.

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