A medida que pasan los días de la campaña electoral vemos cómo se radicalizan las posiciones en Catalunya, como el bando del sí ya avanza rupturas unilaterales fuera de la ley, mientras el bando del no se enroca en su posición de ceguera y de sordera o anuncia una lluvia legislativa que puede acabar con gente en la prisión. Parece como si la campaña nos llevara a derribar todos los puentes, a hacer desaparecer las pocas líneas de comu­nicación que pueda haber entre un lado y otro.

De hecho, Catalans pel Seny, la asociación cívica que pretende restablecer el diálogo entre las partes, nace de esta situación, de la necesidad de mantener abierto al tráfico el diálogo aunque sólo sea mediante un último puente, el puente del seny. Creemos que es posible recuperar hacia el camino del diálogo a los moderados de un lado y del otro, pero también a los millares de moderados que se encuentran en medio, huérfanos de una alternativa política que no esté en los extremos.

Ni política ni socialmente, Catalunya puede correr el riesgo de iniciar un camino hacia ningún lugar, un camino que sabemos cómo empieza, y eso parece que ilusiona a mucha gente, pero no sabemos cómo ni dónde acaba, y todo apunta que puede acabar muy mal y dejar el país fuera de juego por mucho tiempo. Cuesta imaginar cómo quedaría Catalunya fuera de Europa, con unas empresas sin margen de competitividad y con una economía marginada internacionalmente. Algunos, a eso, lo llaman transición, cuando más bien se trata de una travesía del desierto que podemos pagar demasiado cara y a costa de asumir demasiados riesgos.

Ahora bien, incluso en el escenario más negativo al final no hay otra solución que un proceso de diálogo, que un proceso de entendimiento y que un proceso de acuerdo. El problema radica en que cuánto más tiempo tardemos en recuperar los puentes del diálogo más difícil será que alguien nos quiera escuchar, que nos quiera entender y que esté dispuesto a aceptar alguna de nuestras reivindicaciones, teniendo en cuenta que no se trata sólo de reivindicar, sino también de entender a la otra parte y saber encontrar espacios comunes donde poder avanzar. Así se ha hecho siempre y el resultado ha sido la época más beneficiosa para Catalunya en toda su historia, con más autogobierno y más capacidad económica y de desarrollo.

Quizás no hace falta que quememos todo este camino que ya hemos hecho, quizás no hay que renunciar a entendernos con el Estado, aunque ahora no pasamos por el mejor momento para establecer de nuevo este diálogo. Los grandes triunfos de la historia están cargados de paciencia, procesos lentos, esfuerzos y trabajo.

Desde Catalans pel Seny coincidimos plenamente con los planteamientos de Unió Democràtica como heredera de la tradición de CiU y del espacio central del catalanismo político, un espacio de moderación y de estabilidad. Catalunya no podrá crecer sin estabilidad, sin la garantía de un gobierno que no piense en aventuras difíciles de justificar, sino que piense en gobernar este país, en resolver los múltiples problemas de infraestructuras, de servicios, sociales, económicos que impiden nuestro desarrollo equilibrado.

Nos hemos instalado en una posición de buscar la suma cero como fórmula de relación con el Estado, cuando esta está alejando a la política catalana y española de un proyecto en el que podríamos ganar todos, y supone pasar de la colaboración a la confrontación, del acuerdo al desacuerdo, instalando tanto la política española como ­catalana en la idea de que cuanto peor le vayan las cosas a la otra mejor nos irán a nosotros.

Ahora más que nunca hace falta encontrar vías para conducir y resolver el conflicto entre Catalunya y España. Convencidos de que el único instrumento válido es el diálogo; como ha sido siempre, incluso en tiempo más complejos y difíciles. Y, eso, hay que hacerlo desde la sociedad civil, acompañando a la política que, a pesar de su desprestigio actual, necesitamos más que nunca. Porque sólo la buena política es capaz de dar salida a las demandas y anhelos de los ciudadanos, respetando y reforzando las instituciones democráticas, las únicas que nos representan en todos. Por favor, no rompamos el último puente.