Algunas preguntas, las más obvias y trascendentes, ya han sido formuladas. Cómo quedarán los dos protagonistas del bipartidismo. La resistencia del PP ante C’s. Si el PSOE puede bajar a tercera fuerza en votos. Si las urnas favorecerán la coalición entre PP y C’s, etc. En la parte que corresponde a los sondeos, disponemos de orientaciones suficientes. La próxima legislatura, a pesar de la irrupción de dos fuerzas nuevas en el Congreso, no será precisamente de cambio, ni de reformas profundas. Ojalá los resultados desmientan las previsiones más amargas -más amargas, claro está, si deseamos una España productiva, competitiva y equitativa- pero si se confirman, sufriremos. Sufrirá sobre todo la gran mayoría que piensa que no vamos por buen camino pero no vota en consecuencia por una modificación verdadera del rumbo. Tanto es así, que los tres primeros partidos no la plantean en sus programas.

¿Sucederá lo mismo en Catalunya? La pregunta se puede formular de dos maneras. La primera incluye C’s enntre los partidos por el cambio, junto a CDC, ERC y En Comú Podem. Dado que las proyecciones indican que la suma de los otros dos, PSC y PP, no va mucho más allá de la docena de diputados, los titulares que definirían la respuesta de las urnas pondrían la palabra cambio, en mayúsculas. Unos 35 escaños de los 47 que corresponden Catalunya quieren cambios. En términos sociales es así, sobre todo desde el punto de vista de muchos votantes de C’s. Aún así, es más relevante, y sobre todo más realista, contar los votantes y los escaños de C’s en las filas de los que se oponen al soberanismo, aunque sea al precio de virar a la derecha. Formulamos pues con más precisión la pregunta: ¿Hasta qué punto dejarán de ser rojos los cinturones de Barcelona y Tarragona para pasarse a la derecha antisoberanista, liderada sin duda por C’s? Lo que abulte la previsible victoria de C’s en las generales será el mejor índice del apoyo al estatus quo actual y de la oposición al independentismo entre los catalanes.

Si esta es la pregunta más relevante, no queda atrás la siguiente incógnita. ¿Cuántos sufragios perderá el independentismo en el corto trayecto que va del 27-S al 20-D? Si echamos agua al vino y sumamos En Comú Podem a Democràcia i Llibertat y ERC, es posible que entre los tres rocen o sobrepasen los 24 diputados, la mayoría de los que envía Catalunya a Madrid. Si no es así, si no tan solo el independentismo queda lejos de esta marca -quizás tanto que evite plantearla- sino que tampoco los partidarios del derecho a decidir obtienen mayoría en diputados, el unionismo representado por PSC, PP y C’s, habrá ganado la batalla catalana del 20-D.

Recordamos que, en democracia, las urnas tienen la última palabra. Tengamos también presente que esta última palabra es siempre provisional, hasta las próximas urnas.