• Al final de esta agónica legislatura se ha visto claramente que el único propósito de Artur Mas es conservar la presidencia de la Generalitat

‘El Viejo Topo’ no solo da nombre a una mítica revista de izquierdas que nació durante la transición y que todavía se sigue publicando, sino también a una editorial que publica ensayos sociales y políticos de enorme interés. Uno de ellos es la obra en tres volúmenes del politólogo Martín Alonso ‘El catalanismo, del éxito al éxtasis’ (2015), en la que da detallada cuenta de cómo ha llegado a establecerse la hegemonía soberanista. El autor profundiza en la génesis del ‘procés’, construido y legitimado por un conjunto de élites, intelectuales, instituciones y medios de comunicación, hasta alcanzar su completa socialización a partir del 2014.

Alonso nos recuerda en un momento determinado la célebre frase de Hegel: “La lechuza de Minerva levanta el vuelo al atardecer”. Significa que la sabiduría y la lucidez prevalecen cuando, atemperadas las pasiones, se puede establecer el balance de un hecho político. Obviamente, todavía es pronto para saber cómo se hablará del ‘procés’ dentro de unos años, pero puede que ya no estemos tan lejos a la vista de la fallida investidura de Artur Mas y de la sensación de fracaso que recorre hoy el mundo separatista.

Pocos días antes del ‘no’ definitivo de la CUP, un miembro de su dirección política, Xavier Monge, se atrevió a sentenciar que “va siendo hora de poner sobre la mesa la pura realidad: el ‘procés’ es el mayor fraude de la política catalana”. El enorme revuelo que causó una verdad tan descarnada le llevó a cerrar su cuenta en Twitter y a dejar el cargo en la formación anticapitalista al día siguiente. El engaño ha tenido múltiples caras. La principal consistió en hacer creer, durante la campaña del 27-S, que con solo una mayoría absoluta de diputados era posible sacar adelante un proceso de secesión unilateral contra España y la UE.

La farsa se evidenció con la desbordante declaración rupturista del 9-N, suspendida ipso facto por el Tribunal Constitucional sin que la Generalitat y el Parlament, presidido por Carme Forcadell, se negaran a publicar el auto en sus respetivos boletines. Muy pronto se vio que esa resolución era un cartucho de fogueo disparado antes de tiempo del que Mas ahora se arrepiente públicamente. Ni tan siquiera le sirvió para alcanzar la investidura, como le reprocharon bastantes de sus ‘consellers’ en un movido Consell Executiu del que trascendieron los detalles.

En las últimas horas de esta agónica legislatura se ha visto claramente que para Mas su único propósito es conservar la presidencia de la Generalitat. De otro modo, hubiera dado un paso al lado como le pedía hace tiempo la CUP y ahora ya abiertamente ERC. La oferta que ha lanzado a los republicanos de incorporarse a partir del lunes a un Govern en funciones no es más que un intento de echar balones fuera con la vana la esperanza de reeditar la coalición Junts pel Sí. Pero, en el atardecer del ‘procés’, la lechuza ha levantado su vuelo.