• Sánchez tiene la sartén por el mango siempre que no crea que el único acuerdo posible es con Podemos

Frente a desenlaces sorprendentes, juzgados poco antes como improbables o directamente impensables, el profesor Enrique Tierno Galván apuntaba que nadie debe verse desconcertado por lo que, en el fondo, era perfectamente previsible. «La realidad, incluso la más adversa, es también un resultado», concluía el primer alcalde de Madrid de la democracia y el más querido de los que ha habido, popularidad que a buen seguro él jamás acertó a imaginar. Esto viene a cuento de lo sucedido con la presidencia de la Generalitat y también con lo que acabará ocurriendo en la política española. Artur Mas tiró la toalla no por patriotismo, sino porque las encuestas internas en CDC apuntaban a un desastre descomunal. Este jueves, el digital ‘Crónica Global’ revelaba que las elecciones de marzo amenazaban con poner a este partido por debajo de los 20 diputados. No nos dejemos confundir por la elección de Carles Puigdemont, empezando por la sorpresa que le debió causar al propio afortunado, con lo que no tenía otra salida política posible: la renuncia de Mas en tiempo de descuento. Los partidos activan sus instintos conservadores cuando ocupan el poder.

Entre tanto, en el Congreso, todos son cábalas. La elección de Patxi López como presidente es muy relevante. Es la primera vez que este importante cargo no recae en la fuerza más votada. Lo sucedido abre un eje de acuerdo entre PSOE Ciudadanos al tiempo que estrecha la entente de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias. El veredicto en las urnas el 20-D fue impreciso y de solución casi imposible, excepto la inevitable de volver a votar. Otro filósofo político, Daniel Innerarity, escribía en ‘El País’ que «somos una sociedad que elogia el acuerdo en las encuestas pero lo detesta en la realidad». Es una buena descripción de lo que puede acabar ocurriendo. Para evitarlo es fundamental dejar de ver lo que tenemos entre manos como un lío para pensarlo como una oportunidad. Es imprescindible que cada fuerza explicite con claridad sus condiciones de pacto, deje de lado las descalificaciones gruesas y el show político en cada gesto. Lo contrario revela queno se desea alcanzar ningún acuerdo sino teatralizar el desacuerdo.

Sánchez tiene la sartén por el mango siempre y cuando no crea en serio que el único acuerdo posible es con Podemos. Hace bien en intentarlo porque tiene que proteger su espacio como partido de izquierdas. Casi por las mismas razones que Mariano Rajoy se va a someter a una investidura que sabe condenada al fracaso. Pero haría mal en descartar otras posibilidades en una tercera ronda, porque entonces será Iglesias quien decida si hay nuevas elecciones. Y al igual que ha pasado en Catalunya, las encuestas determinarán el resultado tras meses de tediosas negociaciones. Finalmente, la realidad, volviendo a Tierno Galván, será perfectamente previsible.