• Ningún partido tiene verdaderos incentivos para provocar una vuelta a las urnas

En tan solo 48 horas, las transcurridas desde el desbloqueo del proceso de investidura, a Mariano Rajoy se le ha puesto la cara del opositor que ya no será, y a Pedro Sánchez, la del presidente que aún dista de ser.

La detonación de la bomba valenciana ha dejado definitivamente al desnudo la carcoma que ha corroído los pilares del PP, tan maltrechos que ni bajo el manto del Estado se han podido restaurar. Clama ahora Rajoy contra la corrupción: «Esto se acabó y aquí ya no se pasa ninguna». Así debiera haber hablado y obrado hace ahora justo siete años, cuando estalló el caso Gürtel. Pero entonces prefirió negar la evidencia y denunciar una «trama contra el PP».

Mientras el PP se desangra en los juzgados y se pregunta en los despachos quién le dirá a Rajoy que su tiempo ya ha pasado, el ungimiento real ha conferido a Sánchez la autoridad moral de la que el presidente en funciones se ha privado. El líder socialista lleva la mejor mano para ganar la partida de la gobernabilidad… salvo en el improbable caso de que sus socios potenciales opten por romper la baraja.

Con su negociación a dos bandas con Ciudadanos y Podemos, Sánchez plantea el pacto del pañuelo: gana el primero que diga  a la investidura a un precio más asequibleAlbert Rivera, que ha demostrado destreza en la administración de un resultado electoral notorio pero inferior a sus expectativas, parece haber leído bien la partida: si toma la delantera, sus 40 diputados pueden valer tanto o más que los 69 de Pablo Iglesias.

No es inverosímil que en la segunda sesión de investidura, cuando le baste sumar más síes que noesSánchez lleve amarrado el apoyo de Rivera (o de Iglesias) y lance al otro el órdago final: o se abstiene para derrocar a Rajoy, o se suma, tal vez en solitario, al no del PP. ¿Se atreverá el interpelado a pulsar el botón nuclear de las elecciones?

Sin incentivos

A juzgar por el sondeo del CISningún partido tiene verdaderos incentivos para provocar una vuelta a las urnas. Ni siquiera Podemos, al que de poco le valdría superar al PSOE si no pudiese gobernar. En vez de echar faroles, hagan juego.