• La fiabilidad y el pragmatismo pueden ser el salvavidas del PSC en estos tiempos de desolación

Había una vez en Catalunya un espacio político adscrito al catalanismo socialdemócrata evaluado en un millón de votos. Pero el partido que administraba este capital (que crecía hasta el millón y medio largo de papeletas si se trataba de elecciones generales) se alejó voluntariamente de la centralidad del catalanismo político cuando la defensa del autogobierno se vio superada por la reclamación del derecho a decidir. Desde aquel día, el PSC sobrevive convocatoria tras convocatoria, agarrado a medio millón de fieles. Hay muchos ojos puestos en este tesoro abandonado a la luz del día, aunque, tal vez, ya solo sea una leyenda.

La mayor parte de estos votos se han dejado cautivar por el efecto Ada Colau en sus diferentes versiones del Común combinado con Podemos. Estos electores, decepcionados por el seguidismo del PSC respecto de la posición unitarista del PSOE, se sienten cómodos con la bandera del referéndum, aunque ideológicamente los dirigentes de esta plataforma no sean precisamente socialdemócratas. Ni en el fondo ni en la forma: piensan como los viejos elitistas del PSUC y actúan como una CUP ‘light’. Y hasta ahora su balance de gobierno es solo una promesa sustentada en la innegable atracción política de Colau.

EL MOMENTO DE LAS URGENCIAS INDEPENDENTISTAS

Estos factores alientan la hipótesis de que el traspaso de los exvotantes socialistas pueda tener un carácter provisional, mientras evalúan la gestión de los ‘comunes’ o aparece una oferta realmente socialdemócrata y soberanista. El Moviment d’Esquerres (MES) intentó la creación de esta oferta en la peor coyuntura posible, en el momento álgido de las urgencias independentistas, cuando la necesidad de alinearse con unos u otros parecía apremiante. La creación de JxS les ahorró la elección entre ERC y CDC, evitándoles la escisión. Cuando se materialice la salida de los partidarios de la alianza con los republicanos, podrán volver a conectar con el grueso de los exdirigentes y militantes del PSC que han permanecido a la expectativa del ensayo por ser reacios al pacto tanto con convergentes como con republicanos.

ERC fue la primera en tantear el terreno abandonado por el PSC, con la incorporación de antiguos dirigentes socialistas y el acercamiento a MES. Sin embargo, su condición de partido independentista permite pensar que todo lo que podía ganar ya está ganado. También la nueva CDC, instalada en la moderación soberanista, aspira a recrear en un solo partido el ideal de la socioconvergencia que en su día fue considerada la fórmula magistral de la estabilidad. La pretensión socialdemócrata del nuevo proyecto de Artur Mas adquiere ciertas posibilidades de éxito en este ámbito a partir de la rectificación de la hoja de ruta de las desconexiones unilaterales. Proclamado el referéndum como paradigma del soberanismo posible, el maquillaje social podría ser efectivo entre exvotantes del PSC, acostumbrados a la centralidad y pragmatismo de un partido de gobierno, partidarios del derecho a decidir, aunque sea para votar ‘no’ a la independencia y ‘sí’ al federalismo al que se llegaría ejerciendo el principio democrático.

UNA OFERTA CREÍBLE Y ATRACTIVA

Esta amenaza es la que ha hecho comprender que el tiempo apremia a quienes aspiran a la creación de un partido genuinamente catalán, socialista, o sea, socialdemócrata, y soberanista. Sin embargo, la diáspora de los ex-PSC no parece suficiente masa crítica para construir en solitario una oferta creíble y atractiva para sus antiguos votantes. En pocos años, una nueva generación de gentes de izquierdas, con partido y sin partido, se ha hecho un hueco en la crónica política. Unos y otros vienen buscándose desde hace meses sin demasiado éxito, aunque algunos creen que el encuentro está próximo.

El partido que mejor conoce el tesoro perdido es el propio PSC. Y no debería ser descartado como candidato a luchar por recuperar parte de este voto. El maremoto político que le alejó de la mayoría tiende a amainar, según anuncian los líderes independentistas. En cuanto la línea del fuera de juego venga marcada por el referéndum, los socialistas catalanes estarán separados tan solo por el añadido de la legalidad, una exigencia que se puede modular. Este nuevo escenario abriría las puertas, incluso, a un futuro reagrupamiento de fuerzas con sus excompañeros.

Aunque Pedro Sánchez no logre su propósito de formar gobierno -lo que sería un balón de oxígeno para el PSC como interlocutor privilegiado con Madrid-, la experiencia institucional del partido se está demostrando un valor seguro para pactos de estabilidad. El penúltimo ejemplo se vivió en Girona con CDC, negocian con Colau y está por ver cuál será el socio elegido por ERC para salvar los presupuestos. La fiabilidad y el pragmatismo pueden ser el salvavidas del PSC en estos tiempos de desolación.