• La singularidad del grupo no es su radicalidad sino su organización y proceso de toma de decisiones

La aritmética parlamentaria y la posición de los partidos políticos catalanes respecto al proceso independentista han hecho de la CUP, una formación anticapitalista y asamblearia, el partido imprescindible para la configuración de una mayoría parlamentaria, sin que además, dadas las actuales condiciones, quepa la posibilidad de configurar mayorías alternativa. Esto, que en otras circunstancias podría proporcionar mucha estabilidad al gobierno en minoría de Junts pel Sí, se ha convertido en una constante fuente de inestabilidad por la particular naturaleza ideológica y organizativa de la CUP.

La ideología supuso un importante obstáculo tanto en el proceso de investidura que acabó provocando la renuncia de Artur Mas como en la negativa a dar apoyo a los presupuestos de la Generalitat presentados por el gobierno. Investir a Mas, el responsable de aplicar las políticas de austeridad en Catalunya, resultaba difícil para una formación anticapitalista de la izquierda radical, aunque la mitad de su asamblea, con una visión más instrumental que priorizaba la continuidad del proceso independentista, estuvo dispuesta a darle a apoyo. Lo mismo ha sucedido con los presupuestos, que si bien eran más expansivos que los de los años precedentes, quedaban muy lejos de las aspiraciones ‘cupaires’, quienes además exigían muestras de desobediencia al gobierno central.

La investidura y la aprobación del presupuesto han certificado algo que ya se intuía: que más allá de una coincidencia circunstancial a raíz del proceso existe una incompatibilidad ideológica entre Junts pel Sí y la CUP. Y que esta incompatibilidad no solo se da entre CDC y la CUP sino también hay mucha distancia entre ERC y la CUP, porque no hay que olvidar que los presupuestos rechazados en el Parlament los había elaborado el propio Oriol Junqueras. En este sentido se puede afirmar que ERC, de momento, no ha conseguido hacer de eslabón.

ESTRUCTURA INTERNA

Pero la verdadera singularidad de la CUP no es su radicalidad ideológica que hace que su comportamiento sea altamente previsible, sino su estructura organizativa y su proceso de toma de decisiones. Organizativamente es un partido compuesto de facciones en el sentido de que está integrado por entidades prepartidistas, es decir que ya tenían vida propia antes del nacimiento del partido. Endavant-OSAN, Poble Lliure, Lluita Internacionalista, entre otras, son organizaciones con un largo recorrido a sus espaldas, aunque sus siglas hayan ido variando, y que tienen profundas discrepancias tácticas, estratégicas e ideológicas entre ellas.

Por tanto, no es que el proceso haya divido internamente a la CUP como ha sucedido con otros partidos políticos en Catalunya que se han roto dando lugar a nuevas formaciones -como ha sido el caso del PSC o de Unió-, sino que la CUP ya estaba dividida de entrada y sus fracturas existían desde hace mucho tiempo.

DIVISIÓN AGRAVADA

Lo único que ha hecho la investidura y el debate sobre los presupuestos ha sido acrecentar esta división interna y sobre todo hacerla muy visible a ojos de la opinión pública a causa de su largo proceso asambleario de toma de decisiones. Un proceso en el que además se han manifestado las mismas tensiones que se dan en cualquier partido cuando se enfrenta al reto de poder, porque aunque la CUP no gobierne, el gobierno depende de ella.

La diferencia con el resto de partidos es que en ellos las diferencias se dan sobre todo entre las elites y van de arriba hacia abajo mientras que en el caso de la CUP las diferencias ya existentes en las base al final se han acabado trasladado a la dirección que ha acabado implosionando.

La CUP es una organización singular ideológicamente y organizativamente y es la combinación de ambos factores lo que la hace altamente inestable internamente, una inestabilidad que dadas las actuales circunstancias afecta a la estabilidad del gobierno catalán. Este, sin embargo, no es un fenómeno extraño en otras latitudes geográficas. En Italia los gobiernos de la democracia cristiana durante sus años dorados en ocasiones dependían de los acuerdos entre las facciones internas, cosa que también ha sucedido en Japón.

Aquí, en cambio, donde la mayoría de los partidos políticos han tenido escasa división interna históricamente, el tener poder no ha hecho más que incrementar la unidad y esta únicamente ha peligrado precisamente cuando el poder se ha perdido. Y esto era así hasta que llegó la CUP: una organización de facciones, radical ideológicamente y asamblearia. Es así. Solo cabe preguntarse si al mantener su carácter esencial no le sucederá lo mismo que al escorpión de la fábula de Esopo.

ASTRID BARRIO – Profesora de Ciencia Política (UV).